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Musiqueros

Sergio Poli, violín y otras cuestiones

Desde chico supo que iba a entrar a una orquesta sinfónica. Por los caminos de la vida halló otras músicas. Tocó tango en Japón y rock con los Redonditos de Ricota ante miles de personas. Por años fue violinista del grupo de jazz manouche Cordal Swing. Recientemente formó un cuarteto de violín, piano, contrabajo y batería a punto de presentar su primer disco: Y en eso estamos...

Un veinteañero cruzaba la plaza San Martín de La Plata a principios de los años 80. Iba al cine a ver la película De Mao a Mozart, protagonizada por el violinista Isaac Stern, capaz de brillar como solista junto a las mejores orquestas sinfónicas del mundo o en el repertorio camarístico. Un ídolo para ese veinteañero, también violinista y feliz de haber entrado hacía unos meses a la Orquesta Estable del Teatro Argentino, mientras muchos de sus amigos aún daban vueltas tratando de encontrar su vocación.

Una música en el viento lo atrajo. Se acercó a la glorieta donde tocaba un grupo integrado de una manera nunca vista por él, jamás oída. Dos guitarras, contrabajo y violín. Era Swing 39. La formación de jazz más popular de la Argentina por entonces. Alrededor de una década antes, Swing 39 había comenzado a tocar con otra plantilla instrumental: clarinete, guitarra solista, dos guitarras rítmicas y contrabajo. A imagen y semejanza de la segunda etapa del quinteto del Hot Club de Francia, en la que ingresó el clarinetista Hubert Rostaing en reemplazo del violinista Stéphane Grappelli, que había dejado Francia, invadida por los nazis, para establecerse en Londres.

Aquel violinista veinteañero y deslumbrado no conocía esa historia. El jazz le resultaba atractivo y era tanta la admiración que sentía por Louis Armstrong que había fantaseado con estudiar trompeta, pero su conocimiento del género no iba más allá de lo que escuchaba en la Spica robada por un rato a su viejo para escuchar el programa Tangentes en jazz de Talero Pellegrini.

Se quedó hasta el último bis. Y antes de seguir viaje, se animó a acercarse a ese hombre que hacía con el violín algo tan distinto a lo conocido por él. Le agradeció el descubrimiento y le pidió el teléfono.

Aquel joven veinteañero era Sergio Poli. Quizás no intuía lo que ese encuentro iba a significar en su vida...


La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº83 - octubre 2009

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Autor

Juan Bautista Duizeide