El de las últimas entrevistas a Julio Cortázar es casi un subgénero del periodismo criollo. Al menos tres notas al escritor se disputan el dudoso mérito de haber sido las últimas que concedió Julio antes de partir de Buenos Aires. Del presente de Nicaragua y Cuba al proceso democrático argentino. Del retorno de los exiliados al debate sobre el compromiso y la literatura, pasando por Borges, la Dictadura y una sentencia feroz: “Ésta es la última oportunidad que tenemos”. A continuación, algunas de las respuestas concluyentes de un agudo observador de la realidad en cada una de esas entrevistas finales.
1- “Vuelvo en marzo”
(entrevista de Alberto M. Perrone para la revista 7 Días)
Nicaragua hoy
“Me parece fundamental que aquí, con la mayor velocidad posible, se normalice la información sobre Nicaragua y, en general, América Central y la cuenca del Caribe. Todo lo que se sabe está parcelado, dividido, mutilado, ajustado a las conveniencias... y a la presentación de los aspectos negativos y el escamoteo de lo positivo. En ese sentido, estoy muy contento de haber publicado en España, un librito que ya me publicaron los nicaragüenses, que reúne todos los artículos que yo escribí sobre Nicaragua. Puede dar una idea un poco poética, pero literaria del proceso sandinista. Creo que hay que darles bibliografía a los lectores para que ellos hagan su composición de lugar y elijan, pero elijan con información y no simplemente porque los engañan. Aquí, durante tantos años, las opciones se han tomado sobre la base de mentiras; no hablemos ya de las Malvinas, no nos metamos en eso, pero respecto de Nicaragua... Además, sostengo que toda solidaridad con Nicaragua frente a los Estados Unidos, concretamente en este caso, es también una solidaridad con Argentina: defendemos América Latina”.
Cuba hoy
“Cabrera Infante es un hijo de mil putas, es un perfecto renegado. La casa de Lezama Lima en la Habana se ha convertido en museo nacional, museo de Lezama Lima y se ha instalado una biblioteca para los estudiantes. Lezama tuvo problemas con el poder. Le tocó esa época de sectarismos que hubo en los años 60, le tocó muy jorobada, cuando se produjo el famoso caso Padilla que me obligó a mí siete años de silencio, de no ir a Cuba. Durante siete años no fui y Lezama, por su parte, también sufrió frente al resentimiento de los mediocres. Siempre los mediocres son los más revolucionarios en esas circunstancias. Lezama era un hombre que decía lo que pensaba. Cuando no le gustaba algo, lo decía. Y fueron años en que no se podía decir. En que no se podía defender a un escritor homosexual, por ejemplo. Esa era una de las estupideces, ya sabés vos el tema del machismo. Yo hablé en Clarín sobre eso porque me sigue pareciendo uno de los problemas básicos en América Latina que manda al suelo muchos proyectos y muchas realidades. Esa etapa pasó. Fue disminuyendo. Actualmente realmente hay un clima en que cualquier escritor cubano se desenvuelve y escribe y los jóvenes tienen editores. Sólo Cabrera Infante puede encontrar que todo está mal y lo va a seguir encontrando, él y toda la banda que lo ayuda”...
La nota completa en la edición Sudestada de colección #1 -
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