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Dossier
PRT-ERP: Apuntes de un sueño armado


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La historia del guerrillero cubano del EGP
Hermes Peña y los laberintos de la memoria


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En la calle
¿Quién era Brad Will?














Dossier

PRT-ERP: Apuntes de un sueño armado

Por: Sudestada


Una organización política, de identidad marxista, se propuso luchar por la revolución socialista. “A vencer o morir por la Argentina” fue su consigna. Jirones de una historia, la de miles que eligieron ser protagonistas de su tiempo. Aquí, algunas extras de la nota publicada en diciembre pasado: una entrevista a Pedro Cazes Camarero y la opinión de Pablo Pozzi sobre Mario Roberto Santucho.

“Santucho fue un gran revolucionario, no un teórico”

por Pablo Pozzi (*)

“Yo no lo conocí a Santucho. No lo vi nunca. Y lo que descubrí con la investigación fue la imagen de un tipo absolutamente humano. Y profundamente argentino. Primero, un tipo sumamente inteligente, con una gran decisión que revela un ego infernal. Había leído mucho pero tenía alguno de los problemas de lo que se puede llamar “intelectuales del interior”: tipos muy leídos, muy capaces y de repente muy chatos porque no hay un contexto que de alguna manera los aggiorne permanentemente, entonces en general las discusiones son muy rígidas y esquemáticas. Y Santucho tiene características esquemáticas. Al mismo tiempo, estos intelectuales del interior tienen una mirada distinta para entender la Argentina pero también mucho resentimiento hacia los porteños. Por eso Santucho tiene una duda permanente hacia aquellos que no vienen de su mismo sector. Es un tipo poco propenso a aceptar críticas y a aceptar aportes de otros, no es un tipo muy abierto a la discusión. Por otro lado, es lo suficientemente inteligente para aceptar que cuando mete la pata, hay que corregir cosas.

Lo que tiene, sobre todo, es una enorme decisión de combatir. Por otro lado, es un tipo que es muy argentino en otro sentido y por eso admirable: es un tipo callado, que aparenta ser muy humilde, que aparenta ser muy común. En un contexto político donde ser militante y tener buena parla es fundamental, Santucho no era un gran orador. Lo que sí es un tipo muy laburador, y eso también lo diferencia de muchos militantes. Como intelectual se pega el culo a la silla y como militante “patea” las regionales y habla con la gente.

Yo no creo que él haya generado un culto a la personalidad en el PRT-ERP, creo que una cantidad de características fueron caminando hacia eso, y que además como buen argentino y santiagueño, para Santucho muchas de estas cosas eran naturales. Una persona cuyos aspectos descollantes obturaban el desarrollo de otros. Una persona cuyo nivel de voluntarismo podía ser tan grande que quería resolver todo los problemas él. Una persona sumamente compleja, porque fue a la vez admirable y muy argentino. Santucho es producto de un momento histórico, de una sociedad determinada y expresa a esa sociedad y se articula con ella para ser lo que fue: un personaje histórico de magnitud. ¿Fue uno de los grandes marxistas latinoamericanos? No. Fue un gran revolucionario, pero aportes al marxismo en América latina, no. No era un teórico, de hecho sus aspectos teóricos son bastante más flojos que sus análisis políticos. Y su obra principal es el tema del doble poder, que en realidad es un elemento clásico del marxismo. Es un gran práctico con una decisión de combatir infernal, no un gran teórico”.

(*) Es historiador. Escribió “Por las sendas argentinas: PRT-ERP. La guerrilla marxista”.


Entrevista con Pedro Cazes Camarero

"Fuimos los que llegamos más lejos"

¿Cómo arranca tu militancia en el PRT?

Yo fui uno de los fundadores del PRT en 1965. Yo formaba parte de un grupo estudiantil y de laburantes que estábamos ligados a Palabra Obrera, una organización trotskista con una gran afinidad con un sector del peronismo, que llevaba a cabo una práctica que se denominaba el “entrismo”. El “entrismo” consistía en crecer sobre la base de autodenominarnos peronistas, y tenía todo un cuerpo doctrinario de sustentación teórica desarrollado por Milciades Peña, quien sacaba la revista Estrategia cuando estaba dentro de Palabra Obrera. Él se basaba en la teoría del entrismo que desarrolló Trotsky en la década del treinta como orientación a los militantes trotskistas en los países de Europa occidental, orientándolos a incorporarse a los partidos socialdemócratas para enfrentarse al estalinismo de los partidos comunistas clásicos. Y todo esto se basaba en una parte del libro de Lenin “Izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”. En una carta a Silvia Pangers, Lenin les recomienda a los militantes comunistas ingleses incorporarse al Laborismo, que se suponía que era amplio, democrático, generoso, y desde allí se podía consolidar y crecer, había oportunidades mucho mejor que desde fuera del laborismo. Esa era una posición que se fue desgastando un poco a comienzos de la década del sesenta, también al compás de un período de cierto reflujo del movimiento de masas, después de las grandes movilizaciones del supuesto retorno de Perón que nunca se dio. Poco antes de eso, había habido quilombos con el grupo del vasco Ángel Bengochea, compañero que se había ido a Cuba en la década del sesenta y que volvió “guerrillerizado” pero peleado con los cubanos respecto del trabajo de masas. Los cubanos recomendaban hacer ese trabajo en el campo, y él que tenía larga experiencia de lucha sindical en Rosario, consideraba que esa postura era extraterrestre ya que los obreros vivían en la ciudad. Bengoechea había creado un pequeño grupo de militantes con el fin de armar una guerrilla urbana y, finalmente, tuvieron un accidente manipulando explosivos, se voló la casa. En su momento fue un accidente muy conocido, muy espectacular porque hundió todo un edificio gigantesco. Entonces hubo un desparramo de gente periféricos a ellos, mucha gente muy joven. Yo estaba en la Facultad de Farmacia y en un organismo que se llamaba Comisión de Relaciones Estudiantiles y Obreras (CREO), donde hacíamos laburo sindical. Después de la explosión del Vasco se hizo un desparramo y el grueso de Palabra Obrera volvió al redil, y ésa fue la única experiencia de ese tipo en aquella época. Después se produce el golpe militar de 1966, se comenzó a discutir nuevamente el tema de la lucha armada sobre la base política de que los militares decían que se iban a quedar para siempre.

Entonces el período del 1963 a 1965 había sido un largo período de romance con el Frente Revolucionario Indoamericano Popular (FRIP) de Santucho que tenía básicamente un laburito en el noroeste. En general, esa gente miraba con recelo el carácter trotskoide de nuestra organización. Ellos miraban con cierta actitud gorila nuestro romance con un sector del peronismo. Está bien que el entrismo tenía un fuerte componente oportunista, al pretender entrar en el movimiento de masas diciendo que eras peronista, porque realmente penetrar en el movimiento de masas sin decir que era peronista, era muy difícil en esa época. Eso no dificultó el trabajo. El FRIP organizó una campaña por dos compañeros que habían caído presos en unas movilizaciones en Tucumán en el período de Arturo Illía, eran el vasco Urretavizcaya y Alberto González, este último viejo militante de Palabra Obrera. Se hizo toda una campaña de solidaridad y se logró con éxito sacarlos de la cárcel. Después de eso, en distintos lugares coordinamos trabajos en común.

Habrá sido por el año 1965 que lo vi por primera vez a Santucho. Era un día de un frío espectacular en una choza horrible, muy mugrienta, que estaba justo abajo del puente del Riachuelo, era un sucucho bien conspirativo. Nos moríamos todos de frío, Santucho más porque venía de una zona calurosa. Tratamos de irnos, votamos todo lo que teníamos que votar y salimos corriendo de ese lugar horroroso. Santucho había llegado hacía muy poco y luego se volvió a ir para el norte. Habíamos hablado de unos quilombos se habían armado con los portuarios, yo supongo que Santucho ya había venido antes, pero no nos contó nada. Después del golpe de 1966 estalló una de las primeras huelgas importantes de la que participamos en ese período. El gobierno de Onganía había decidido racionalizar el puerto, precarizar los sueldos. A Eustaquio Tolosa, que era el dirigente del puerto y había lanzado una huelga, le intervienen el sindicato, entonces pide la solidaridad internacional. Todos los puertos del mundo empiezan a hacerle sabotaje a los barcos argentinos. Después, cuando viene Tolosa de una conferencia internacional lo meten en cana y queda preso el resto del conflicto. El conflicto se pierde por la represión, pero se había hecho un montón de trabajo solidario, no solamente nosotros, sino con gente de la Fede y otros trotskistas. Las topadoras nos hicieron mierda todos los comedores organizados, había como 25 comedores. Y a la noche prendieron fuego dos o tres asentamientos donde vivía la gente y murieron dos o tres chicos quemados, una cosa catastrófica. Ahí se produjo una de las primeras acciones violentas que fue la quema de las topadoras de la policía, esto habrá sido a fines del 1966, sumado a lo de Tucumán con la intervención de los ingenios y la muerte de Hilda Guerrero de Molina. Cada vez a la gente le quedaba más claro que no había manera de pasar el techo que te ponía la represión sino hacías una contra-represión. Entonces, los primeros chamuyos fueron de grupos de autodefensa del pueblo, y ése era lo que se estaba discutiendo, pero Nahuel Moreno, líder de Palabra Obrera, comenzó a ponerse cada vez más nervioso conforme a que cada vez más personas abrazaba la idea de la lucha armada. Así que cuando yo salí de la cárcel en marzo del 1968 (me habían metido por la Ley anticomunista), ya se había hecho el congreso de disolución de PRT, donde Moreno se quedó en minoría, así que el PRT lo echó. Palabra Obrera se quedó con el periódico “La verdad”, que nosotros decidimos largar para comenzar a publicar “El combatiente”.

Recuerdo que se publicó un documento muy largo, de 500 páginas, y cómo en esa época estaba de moda Batman, lo llamamos el Bati-documento, donde se explicaba el comienzo de la lucha armada. Pero la idea era en esa primera época ni siquiera comenzar con propaganda armada, sino empezar con grupos de autodefensa de masas, lo cual generó cierta confusión. Había un sector que lo único que quería era hacer grupos de autodefensa de masas y nada más, y el sector de Santucho quería comenzar la planificación de una guerrilla, y específicamente una guerrilla rural. El año siguiente se produjo un enfrentamiento encarnizado entre el sector que quería parar con la guerrilla y el otro que quería comenzarla como forma estratégica para la toma del poder, que un poco era seguir con la línea del IV Congreso. La lucha se dio y el sector que quería abandonar todo tipo de violencia, encabezado por Sergio Domec y por otro lado, lo que nosotros llamábamos el centrismo. Entre la derecha que quería parar todo y nosotros que queríamos meterle pata, estaba este grupo que tenía en sus filas a Candele que tenía mucha influencia en la organización, estaba Urretavizcaya que era el rescatado de las cárceles tucumanas, y Alonso que había estado en el asalto al banco de Miraflores de Perú. Tuvimos la mala suerte, muy mala, porque al compañero lo reconocieron, fue reconocido por un vecino de su casa en Buenos Aires, lo identificaron en una sucursal bancaria. Una cosa loca porque en esa época no había tantos peruanos, el tipo lo denunció con nombre y apellido, el tipo estaba legal y lo fueron a buscar. Esto fue dos años antes de la unificación. El compañero estaba en desacuerdo en el lanzamiento de una guerrilla tal cual queríamos nosotros, pero el quería lanzar una, después en efecto, creó una que se llamó GOR, Grupo Obrero Revolucionario. Se llamaba Pereyra, le decían el Che Pereyra, pero se comió tres años presos en la cárcel de Frontón hasta que volvió en 1967. Pero la guita no la recuperaron nunca, vino para acá, la idea era apoyar al grupo armado que había creado Hugo Blanco, en el campo, en Perú. Hugo se había formado en La Plata como militante estudiantil, y después aunque parezca insólito fue nombrado por los Estados Unidos como director de la Alianza para el Progreso en Perú. Aprovechó esa volada y creó los sindicatos campesinos, y bueno, comenzaron a producirse enfrentamientos armados cada vez más encarnizados y el tipo pidió desesperadamente ayuda y ahí fue que se produjo el asalto del banco de Miraflores. O sea que había alguna experiencia de violencia armada, acá a nadie le temblaba el pulso. El tema es que la estrategia de la lucha armada como después se hizo en el PRT, era la construcción de lo pequeño a lo grande. Con el objetivo de un ejército revolucionario de grandes dimensiones, como después se hizo: pero no era una estrategia unánime, había un sector que estaba de acuerdo con la violencia hasta ahí, como un componente más de la lucha política y otro que no, que el componente armado en un momento de dictadura militar siguiendo lo que decía el Che Guevara.

¿Cuándo comenzaron a debatir el tema del foquismo?

Justo en ese momento había salido el libro “¿Revolución en la revolución”, de Régis Debray. Y a nosotros nos parecía una soberana estupidez, porque en primer lugar lo único novedoso que tenía el libro era la posibilidad de construir subjetividad a partir de la lucha armada, que para nosotros era una cosa bastante obvia, cada vez que hacés política, armada o no armada, construís subjetividad, no nos parecía serio. Y la otra cosa que no nos parecía serio era el abandono de la construcción de partido, nos parecía que abandonar eso significaba sumamente peligroso, porque como en efecto ocurrió, la lucha armada comienza a condicionar toda la actividad política. Si no le encontrás manera de sujetarlo, eso comienza a determinarte todo. Incluso nos pasó a nosotros a pesar de tener un partido, pero los movimientos guerrilleros tienden a convertirse en aparatos militares clandestinos sin inserción de masas. Por otro lado, no le entendíamos la historia. Por ejemplo, los Tupamaros, con quienes teníamos una relación intermitente, decían que no les importaba no tener partido, que estaba todo bien, que podían combatir igual. Nos implicaba una serie de conflictos porque no sabíamos bien si tenía que ser el partido combatiente, una organización de masas combatiente que dependiera del partido -finalmente es lo que se decidió, y había un planteo de los cubanos que decía que lo que te permite separar la paja del trigo entre un tipo decidido que quiere hacer la revolución y otro lenguaraz, es que el compañero se temple en la acción directa. En la práctica eso derivó a que adquieran una gran influencia un montón de sujetos que eran bastante aventureros. No la gente que tenía mayor madurez política, sino que muchos aventureros se incorporaron con éxito a la guerrilla.

¿En este período la prensa comenzó a salir con una tirada importante?

No, “El combatiente” era un periódico diminuto con muy escasa circulación que se imprimía en mimeógrafos...

¿O sea que el auge de “El combatiente” fue en 1972?

Claro, el auge fue cuándo empezamos a adquirir prestigio y crecer en el movimiento de masas a raíz de la actividad armada. Tuvo un salto cualitativo desde el momento en que Santucho se escapó de Rawson. Vinieron varios cuadros más y hubo una reorganización partidaria. De todos modos eso ocurrió varios años después. El período en el año 1969 fue muy importante porque se hicieron las primeras operaciones guerrilleras. La primera que se firmó legalmente fue la del banco de Escobar, el 8 de enero de 1969, ahí es donde lo meten presos a Rubén Batallés y a Sidel Negrín. Fue por un error de seguridad estúpido, están presos durante 1969 hasta el 25 de mayo de 1973. Después se comienzan a realizar un montón de operaciones chiquitas, recuperación de armamentos y de dinero. Pero Santucho va preso por un error de seguridad y termina en una comisaría de campo de Santiago del Estero. Mandamos unos compañeros para chequear el lugar y al mismo tiempo había llegado el grupo de compañeros que se había ido a entrenar a Cuba después de lo del banco de Escobar y este grupo decide liberarlo, pero sin chequeo previo ni nada. Van y se meten en un criadero de perros doberman, los perros los corren y la operación se cae. Los compañeros que estaban chequeando arriba de un algarrobo como a cien metros, huyen despavoridos y nosotros no entendíamos nada. Estábamos convencidos que estos compañeros de una manera aventurera quisieron liberar a Santucho, y después tardamos un mes en encontrar a todos los compañeros porque la represión nos había desorganizado completamente. Después Santucho logra escaparse solo de la cárcel de Villa Urquiza y se prepara a todo vapor el V Congreso del PRT, porque veíamos en general de manera bastante unánime que había que unificar rápidamente a la organización alrededor de una estrategia porque cada cual hacía lo que le parecía. Santucho llegó justo a tiempo, y se dilucidaron varias cuestiones estratégicas. En realidad el documento del V Congreso es nada más que expresiones de deseo, párrafos muy precisos, nada que ver con el mamotreto del IV Congreso, este folletito chiquitito sí se pudo trabajar durante un par de años largos. En realidad, no era necesario muchos más por toda una etapa y porque la caracterización que tenía el PRT era que había que hacer rápidamente una campaña de propaganda de lucha armada donde pusiéramos en la palestra el tema de la violencia revolucionaria y, mientras tanto, ir fogueando compañeros, desarmando policías, formando cuadros. Después en una segunda etapa donde rápidamente había que pasar a operaciones mayores y crear estados mayores locales en cada regional. Y en efecto, eso se empieza a hacer a fines de 1971 y 1972, se comienzan a atacar cuarteles y unidades militares. Pero lo que genera una gran confusión es que nosotros en el V Congreso tenemos una caracterización firme y clara, opinábamos que la dictadura militar iba ser la forma de dominio burgués de ahí en adelante, entonces cuando Lanusse llama al Gran Acuerdo Nacional, nos dejó desconcertadísimos y en realidad eso no tuvo solución. Nosotros sacamos una declaración donde explicábamos que no íbamos a participar de las elecciones pero teníamos una situación de suma confusión acerca de lo que íbamos a hacer políticamente en el marco de ese nuevo gobierno democrático. Esto provocó que el Gallego Fernández Palmeiro y algunos otros compañeros formaran una fracción denominada ERP-22 de agosto que se planteó el apoyo a la lista peronista. Y después, paralelamente a eso hubo un proceso mucho más chiquito, una fracción que nos organizó la Liga Comunista francesa, pero fue una cosa sólo local.

Pero lo del ERP-22 de agosto tuvo otra envergadura cuantitativa y además otro peso político, porque en realidad el problema ahí era que nosotros nos habíamos quedado sin política. Y ahí se vio por primea vez que las posibilidades de discusión interna frente a la línea de Santucho era muy limitada. Ahí que los compañeros del 22 de agosto rompieron frontalmente y apoyaron al peronismo. Un sector de ellos se incorporó a Montoneros y otro sector volvió como a los dos años. Pero si se hubiera podido discutir un poco, por lo menos se hubiera forzado a la posibilidad de dar una línea específica de la coyuntura electoral. La verdad es que hicimos una declaración de principios, no una línea política ante la coyuntura. Y al quedarnos sin línea hubo que retomar la cosa, y ahí hubo un problema bastante serio porque se le pedía a Santucho que armara el VI Congreso y nunca se realizó. Hubo un deslizamiento hacia posiciones más autoritarias por parte del secretariado y en particular... con explicaciones descabelladas ¿no? porque si se había podido hacer el V Congreso cuando éramos unos crotos en medio de la clandestinidad ¿cómo no íbamos a poder hacer el VI Congreso por razones conspirativas en medio de la democracia parlamentaria? Imposible de sostener seriamente. En realidad, no había ni la menor intención, y Santucho aceleró su hegemonía dentro del PRT a través de una serie de maniobras entre las cuales estuvo el hecho de diluir el Comité Central con gente de él que fue cooptada al CC sin Congreso. Después se hizo una asamblea partidaria con compañeros del CC y algunos invitados, que pasó sin pena ni gloria y que sería el sucedáneo del Congreso.

Y a partir de ahí se produce una militarización a toda velocidad del PRT, y por otro lado, es una huida hacia delante porque nosotros seguimos operando. En particular después de lo de Ezeiza, la gente no entendía nada de lo que estábamos haciendo. Años después yo hice una interpretación de eso que me parece sigue siendo válida. Durante el período de la resistencia antidictatorial las mayorías populares interpretaban que nosotros éramos el componente armado junto con los montos y las FAP y otros grupos chicos. Éramos el componente armado de la resistencia, junto con los otros no armados que eran sindicales, barriales, estudiantiles, etc. Pero lo que nosotros interpretamos es que todo ese componente masivo iba quedar tarde o temprano subsumido en la estrategia socialista y guerrillera que nosotros llevábamos adelante. Y en la práctica lo que estaba pasando era al revés, nuestra estrategia guerrillera y socialista estaba siendo subsumida en la resistencia democrática y anti-gorila, anti-dictatorial. Pero eso nosotros no lo entendíamos ni por casualidad. Cuando seguimos combatiendo durante el gobierno de Perón, Isabelita y López Rega, era un momento en que la gente todavía tenía ciertas expectativas democráticas, nosotros quedamos aislados, seguimos creciendo de manera vegetativa, ya no vertiginosa. Usando un indicador razonable que es la venta de periódicos, fuimos de vender 300 semanales en 1970 a vender 47 mil ejemplares de “El combatiente” en 1973.... Hay un crecimiento logarítmico, ¿no?, gigantesco y de inserción de masas. Porque teníamos trabajos en decenas de grandes fábricas, teníamos en centenares de fábricas medianas, una fuerte inserción estudiantil, el representante nuestro en la SADE que era Haroldo Conti, disputaba la presidencia a Rodolfo Walsh que era el candidato de Montoneros. Era una cosa muy loca lo que pasaba en la Argentina de ese momento.

Los montos crecieron mucho más que nosotros gracias a que se dieron una estrategia electoral. O sea, nosotros no nos íbamos a llamar peronistas, pero deberíamos haber participado de alguna manera práctica de esas elecciones de 1973, viéndolo retrospectivamente no me cabe la menor duda.

Nosotros teníamos una inserción interesante, pero gran parte de eso se perdió por la errónea política de hacer centrar todo en la parte armada.

¿Eso diluyó la participación de algunos sectores?

Sí, y en parte eso, en parte la represión, hay que tener en cuenta el reflujo de masas que se va produciendo. Tenés a la Triple A operando, la gente se desmoralizó mucho por la actitud de Perón. Luego de la misma política de Isabelita y López Rega, y ya la última gran movilización fue contra Celestino Rodrigo y la dirigió la CGT, ya no era la izquierda revolucionaria ni los Montoneros. Fue una rebelión del tipo defensiva, para que no aplicaran el plan de estabilización del Fondo Monetario, después todo el mundo se fue a la cucha, la represión se fue haciendo cada vez más encarnizada, vino el golpe militar y el PRT, en lugar de pasar a cuarteles de invierno, decide hacer el llamado de Argentinos a las armas en una situación de reflujo de masas y de profundo aislamiento. Esto llevó a que muchos indicadores que tomaban la conducción del PRT eran indicadores poco fiables debido a que los compañeros sentían la fuerza de la expectativa del Comité Central y el secretario político para que vieran resultados mejores de lo que estaban recibiendo.

Luego del operativo de Monte Chingolo, ¿no hubo un proceso de discusión crítico sobre la fallida operación?

Mirá yo ya estaba preso, lo que tengo entendido es que ese proceso de discusión medio que se abortó, debería haber habido una discusión que nunca se hizo. Después la represión impidió la discusión y encima de eso hubo un incidente para mayo del 1976 que ubicaron la reunión del Comité Central ampliado en Moreno, donde había un montón de compañeros importantes y estuvo a punto de caer en secretariado político en pleno. No cayeron porque el poder de fuego que tenían los compañeros en ése lugar era muy importante como para enfrentar al ejército y a la policía. Pero se veía una situación insostenible de tipo conspirativa, no se podía seguir y por ahí hubo como un sálvese quien pueda después de la muerte de Santucho que llevó a varios cuadros a escaparse al extranjero dejando colgados a los compañeros de base. Cosa que todavía cuando los agarran en la calle o en la reuniones se lo siguen echando en cara. Y bueno, yo creo que la enseñanza ahí es muy clara ¿no? Vos podés cometer algunos errores, pero no podés cometer errores reiterativos y siempre con la misma pata..., eso te lleva a la liquidación. Por otra parte, creo que nuestra experiencia fue la más avanzada de un intento de poder revolucionario y socialista.

¿Cómo caracterizás la decisión de copar Monte Chingolo pese a que había indicios que estaba cantada la operación?

Aunque no hubiera estado cantado, supongamos que no hubiera estado cantado, supongamos que sale bien, supongamos que se toma Monte Chingolo, supongamos que se llevan las armas, y no te quiero decir los otros planes que tenían, la idea era llevarse una parte del regimiento de tanques. Pero bueno, supongamos que logran un éxito que no fue el caso, lo mismo políticamente para la coyuntura era un despropósito, porque vos no podés neutralizar tres años de errores políticos con una buena operación militar. Entonces un éxito militar hubiera reforzado aún más el espíritu militarista, entonces tarde o temprano ibas a tener que chocar contra la pared de cemento que la dialéctica del crecimiento que habías tenido con mucho éxito desde 1970 hasta 1974, no la podías seguir manteniendo porque la gente no te seguía, y no te seguía en parte por el reflujo, y en parte porque vos te habías aislado de la gente de las amplias masas populares, te habías aislado a través de una política que la gente no tenía idea de qué estabas haciendo. La gente te miraba con estupor atacando cuarteles estando Perón de presidente. Entonces ese tipo de errores no tienen salida, son errores estratégicos.

Supongamos que no hubiera estado cantada, lo mismo era una cagada política. Bueno, la decisión de hacerla con la información que había de que estaba cantada fue una temeridad. El correlato de que mandaron a los compañeros a asaltar el cuartel con armas que no eran apropiadas, débiles a pura fuerza de ideología, esa es la verdad. Ahora dicho esto, incluso los que pensamos que fue una cagada terrible, nos sentimos un poco orgullosos de esos compañeros y hasta del propio Santucho porque tuvieron una valentía que no tiene nombre, pero la firmeza ideológica no te protege de cagadas políticas, a veces te protege de cagadas militares, en el sentido de que los dioses acompañan a los audaces y en cambio, el miedo y la cobardía traen mala suerte. Pero la aventura no es buena consejera de algo tan importante. Detrás de eso estaba el futuro de la revolución social, entonces no podías hacer ese tipo de cosas tan suelto de cuerpo. Y aparte de qué costó muchas vidas, sangre de los compañeros, del pueblo asesinadas a mansalva centenares de compañeros...

¿Qué análisis hacés después de 30 años de estos hechos?

Y bueno, lo estoy haciendo. Pasa que yo estaba preso, en primer lugar, y cuando vos estás preso lo que tenés que hacer es escuchar atentamente y dar opiniones cuando te la piden, porque la verdad estás en una fiambrera. Y además tenía una predisposición a ser un criticón molesto que me miraban de reojo porque era bastante pesado. Por supuesto que todo este tipo de cosas no las percibía de esta manera, pero yo era en general una persona crítica y además había toda una teoría de moral y proletarización que era la supuesta introducción, de la supuesta introducción de la ética vietnamita en el Partido que mucho de nosotros lo mirábamos con sorna, nos parecía una pelotudez. Cuando en realidad, pensándolo retrospectivamente no eran una pelotudez sino que eran dispositivos extorsivos que se utilizaban en el seno de la organización con el objeto de disciplinar a las personas molestas que se ponían excesivamente críticas o discutidoras. Pero en aquel momento yo lo veía como una cosa más bien infantil, lineal, mecánica en una sociedad que tenía poco que ver con Vietnam pero en realidad, viéndolo a la distancia, creo que en parte fue cierto, en parte no, yo no sé si fue deliberado totalmente pero fue utilizado con el objeto de arrinconar políticamente a la gente no se la podía hacer callar de otra manera, eso fue así.

Y bueno, la experiencia del PRT no sólo fue leninista sino que tuvo ciertos componentes como te los acabo de describir: estalinistas y verticalistas que no fueron necesarios aún dentro del modelo partidario de esa época. A mí cuando veo a los compañeros como (Luis) Mattini o (Daniel) De Santis cagarse a puteadas... Los que estuvimos presos, los miramos con consternación y con cierto estupor, porque son discusiones que son de sectas religiosas. La estrategia nuestra nos llevó a una derrota política y la derrota política nos llevó a una derrota militar. Tanto es así que de hecho en la práctica la Compañía de Monte no fue derrotada militarmente, hablando de manera estricta, sino que hubo que replegarla por las condiciones políticas adversas, es así. Vos no podés mantener una Compañía de Monte en las condiciones que se estaban dando en la Argentina de 1976-77. Entonces uno lo que puede rescatar del exilio era la lucha internacionalista. Seguir peleando, ayudar al MIR de Chile, ayudar a los Tupamaros, a pesar de lo que dicen ellos, nosotros nos inspiramos en ellos. Nosotros los mirábamos con admiración y ellos nos miraban con cierto estupor porque en general las operaciones de ellos no eran tan ambiciosas. Cuando nosotros le consultábamos, yo creo que la opinión que dan los Tupas que ahora están en el gobierno, yo creo que no es muy objetiva, nosotros los mirábamos como un espejo, con admiración. Entonces es medio insólito que ahora digan que ellos tuvieron una desviación militarista por influencia nuestra, si nosotros éramos los hijos de ellos.

Y ahora viéndolo retrospectivamente nosotros atrasábamos una revolución completa, en cierto modo. Porque en la década del sesenta y setenta ya se estaba produciendo un cambio profundo que era difícil de percibir tan de cerca y mucho más por gente tan inexperta como nosotros. La composición de clase, se estaba produciendo la fusión de proletariado industrial joven de los nuevos sindicatos Sitrac Sitram con el movimiento estudiantil. Una cosa que siempre llamaba la atención era cómo se te acercaba gente que nosotros teníamos en nuestra prejuicio como animalitos de clase media, esos sectores que se sentían atraídos por nuestro discurso revolucionario porque en realidad eran otro tipo de proletariado, un nuevo tipo. Que se consolidó y pasaron los años y cada vez se consolidó más. El proletariado de las grandes fabricas, vos te ibas a la puerta del Anglo y salían ocho mil obreros por turno, era otra escala. Entonces en la actualidad vos tenés un obrero de la Ford de Pacheco que pasea vestido con su guardapolvo entre robots que sueldan autos, ese tipo tiene una conciencia de trabajador muy distinta a la de trabajador treinta años atrás donde nosotros teníamos un rol dirigente.

Así que ese proceso de cambio profundo en las composiciones de la conciencia de clase que todavía falta bastante para que se termine de consolidar, hace que la respuesta actual sobre qué es una organización revolucionaria, cómo interpela al movimiento de masas, haya cambiado dramáticamente. A los que tiene una sola generación de antigüedad ya los mirás como si fuera un fenómeno histórico. Esa gente nos interpela desde el pasado, al igual que el Che y tantos revolucionarios ¿no? que ahora son todos contemporáneos porque la muerte los ha igualado a todos entre sí, desde Espartaco a la actualidad, nos interpelan diciéndonos ¿qué coño están haciendo ahora? Y ahora bueno, lo que necesitamos es una teoría del cambio que es muy difícil porque el fenómeno mismo todavía está inmaduro. Entonces generar una teoría de la revolución, ser revolucionario hoy ¿qué significa exactamente? Es una pregunta que todavía está medio verde para formulársela. Yo creo que en la actualidad hay motivos para pensar que la vieja teoría leninista de partido tiene que sufrir cambios dramáticos. Por ejemplo la teoría que desde afuera como intelectual, o el partido lleva el cambio revolucionario a las masas, ya va dejado de tener vigencia, aunque es posible que alguna vez la haya tenido.

¿Te parece que es positivo este reciente “auge” de interés por los años 70?

A mi me parece sumamente positivo en el sentido de lo siguiente. No nos insultaban ni nos criticaban, ni nos mataban por las cagadas que hicimos sino por los aciertos, y nosotros fuimos los que llegamos más lejos, y en ese sentido tenemos que sentirnos más que orgullosos. Llegamos más lejos y más hondo en una oleada revolucionaria que era imposible adivinar, allá por el año 1965, hasta dónde iba llegar. Nosotros hicimos todo lo posible por llegar lo más lejos y ahí se nos fue nuestra generación. Ahora en la actualidad creo que no te queda otra que sentirte orgulloso de eso y reivindicar los viejos sueños incumplidos que todavía están sin cumplir. Porque el capitalismo ha dejado a la humanidad en el umbral de la sociedad de la abundancia, de la sabiduría y de felicidad, pero en el umbral del lado de afuera. En la actualidad ya no se necesita que pasen generaciones de acumulación, de cultura de conocimiento, mentira, ya está ahí, los conocimientos que se necesitan, para darle cultura a la gente para darle todo lo que necesita, ya la humanidad lo ha acumulado. Lo que pasa es que para que exista un puñado de ricos explotadores se necesita al mismo tiempo miles de millones de personas estén en una situación de ignorancia de pobreza, sin salud y sin educación. Esta situación la humanidad no la va tolerar mucho tiempo más. Lo que pasa es que el palpitar de los ritmos de la vida de un pueblo comparado con el palpitar que tiene una persona individual es cruelmente lento. Pero fíjate como en dos o tres generaciones como ha cambiado las condiciones sociales, y las que te diría obvias como la democracia, el tema del derecho a cosas que antes eran nada más que ensoñaciones. Y en sentido, yo creo que la generación mía ha cumplido un rol más que digno y nosotros que ahora estamos pisando los sesenta y tener un poco de hilo en el carretel y poder hacer este tipo de síntesis que estamos teniendo ¿no? Habrás visto que yo trato de no ajustar cuentas con responsables individuales y trato de exponer una mirada más ambiciosa, más general, por el respeto que tengo a los compañeros por los luchadores maravillosos como eran el Gringo Menna, el propio Santucho, lo cual no me impide ver las limitaciones que tenía mi generación porque yo metí la pata junto con ellos. Yo no me la pasaba haciendo este tipo de admoniciones cuando tenía 25 años. Estas cosas uno las va acumulando, las va organizando. Entonces yo me siento muy orgulloso de eso como tantos compañeros, que participaron de todas estas novelas insólitas que si las escribiéramos todas, dentro de cien años no nos creen. Porque parece imposible que la gente haya llegada a hacer muchas de las cosas que nosotros llegamos a realizar.

Entrevista: Jaime Galeano



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