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Bestiario
Sudestada nº54


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Nota de tapa
Mitos y leyendas de "Titanes en el ring"


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Editorial
Recuerdos compartidos


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Entre líneas
Haroldo Conti: Memoria y celebración


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Dossier
Revista ¡Esto!: Memoria del crimen


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Entre líneas
Entrevista con Luis Eduardo Aute: "Dios seguramente es puro sexo"


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Teatro
Sangre nueva






















Nota de tapa

Mitos y leyendas de "Titanes en el ring"

Por: Hugo Montero, Ignacio Portela


Fue el ciclo más popular de la historia televisiva. Marcó a fuego la infancia de varias generaciones. Pero detrás de tantos inolvidables luchadores, hay una historia con luces y sombras. De Karadagián a La Momia, la cara oculta de Titanes en el Ring. Opinan el “Ancho” Peucelle, “Ulises el Griego”, el “Gitano Ivanoff”, “Sullivan” y Jorge Bocacci.

Cuenta la leyenda, y uno ya no sabe cuánto hay de memoria propia y cuánto de imaginario colectivo, que el campeón del mundo se enfrentó, en una noche inolvidable, al desafío de su vida. Los escépticos que nunca faltan, se empeñaban en decir que enfrente no había nadie. Mentira. Enfrente, un enigmático adversario: el Hombre Invisible, nada menos. Aquí, otra vez, el recuerdo se transforma en esa onírica arcilla en perpetua construcción. Épico combate aquél que enfrentó al armenio contra una violenta sombra. Martín Karadagián debatiéndose sobre el ring contra un inasible rival, soportando tomas, acusando golpes mortales, cayendo y zafando con agilidad por entre las cuerdas. Miles de pibes contenían la respiración. Mientras tanto, el inolvidable relator Rodolfo Di Sarli, privilegiado dueño de unos anteojos especiales, era el único capaz de observar desde el ring side el fragor de la contienda.

Dicen las voces de la memoria que cierta mañana, el puerto de Buenos Aires se vio invadido por una turba de ansiosos pibes. Los estibadores de la dársena C, repleta con 8 mil almas infantiles, aguardaban que atracara un buque venido desde El Cairo con su carga misteriosa: un sarcófago cuyo contenido era el motivo de semejante expectación. En aquel milenario cajón, llegaba La Momia a Buenos Aires. Y la gente deliraba.

¿Cuánto de mito y cuánto de verdad respira en estos recuerdos? ¿Quién se acuerda hoy del humo y los chispazos que lanzaba el Androide cuando la sordomuda Momia le provocó un cortocircuito en pleno ring, ante la desesperada mirada del profesor Demetrius? ¿Qué memorioso puede dar fe que padeció, alguna vez, el martirio de los “dedos magnéticos” del Indio Comanche? ¿Quién se atreve a negar hoy, tanto tiempo después, que todos fuimos, alguna vez, el Caballero Rojo, el Hombre Vegetal o el Ancho Peucelle, en nuestras peleas en el patio del colegio? ¿Dónde andan hoy el Superpibe y Fantasman? ¿En qué oscuro rincón se ocultan el Doctor Cerebrus y Diábolo?

Rebuscar en el baúl todo aquello que nos dejó Titanes en ring nos traslada, indefectiblemente, a tiempos pasados, al refugio de nuestra infancia. Es que Titanes... habla de aquello que fuimos alguna vez, y nos inyecta el virus feroz de la nostalgia. Con Titanes... nos sumergimos, por fin, en el océano de un tiempo marcado por la leche con Zucoa, las figuritas redondas, las japonesas de seis piques, los maestros del yo-yo Bronco y el Naranjú. Hoy, Titanes... forma parte de aquel universo, y sus puertas abiertas nos permiten volver a ser, al menos por el tiempo que demoró la investigación para esta nota, lo que fuimos en años pasados. Teníamos que volver, volver para charlar con los luchadores, para escuchar sus historias, las luces y sombras de aquel ciclo antológico que marcó a varias generaciones de pibes y que hoy sigue ocupando un lugar privilegiado en la memoria popular. Teníamos que volver, aunque más no sea para confirmar que el tiempo pasa para todos. Incluso para el Hombre Invisible.

El armenio terrible

“¿Y usted quién es?”, estalló el vozarrón de Karol Nowina, en la penumbra del gimnasio. Nunca más petiso que en aquel momento, un tímido joven llamado Martín Karadagián se había atrevido a molestar al conde polaco en pleno entrenamiento con la intención de pedirle un lugar en su troupe. Nowina recorrió con la vista la breve humanidad del visitante con gesto burlón, imaginando los destrozos que podían llegar a provocarle los golpes “de ablande” de sus luchadores al advenedizo catcher. El conde estuvo a punto de mostrarle la puerta, justo cuando el armenio cometió el error de jactarse de un título mundial como luchador de greco-romana. Tanta soberbia irritó al pionero del cachascán en Argentina: ese armenio iba a pagar con sangre su osadía. Karadagián subió al ring esa tarde, y las tardes que siguieron, para comerse verdaderas palizas. El “ablandamiento” del recién llegado era tarea de rutina para los catchers de Nowina, que lo utilizaban para practicar nuevas tomas y caídas. Pero era duro el armenio, sabía mejor que nadie lo que era pasarla mal, eso de aguantarse calladito los golpes...

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)


Entrevista con Rubén "el Ancho" Peucelle

"A veces creo que pasé por un cuento"

Ahí está, tomando sol, conversando con los vecinos, cuando llega Sudestada, a media tarde. El Ancho saluda, nos muestra su casa en Olivos, y nos invita a pasar a una historia única, que seguimos montados en un relato que corta la tarde y nos deja pensando...

“Antes del catch yo no hacía nada. Iba a la playa de Olivos con unos muchachos que eran fisicoculturistas. Ocupamos un lugar deshabitado con un amigo y empezamos con los fierros. En esa época éramos pocos los que estábamos en “El ancla”. Esa era nuestra vida, meterle duro al culturismo, en base a alimentos y rutinas de revistas americanas. Antes estaba en la lucha greco y libre, que iba a practicar a River. No era muy de mi agrado, porque era meter fuerza y romperse el alma. Dejé en el ’61 porque mis amigos se hicieron acróbatas, y me dediqué a las pesas en el club Comunicaciones. A principios del ’62 un muchacho me explica que iba a venir una troupe de mexicanos para hacer catch, si quería sumarme. Entonces, por el ’62 arranca Martín en televisión con Titanes en el ring en marzo, con el catch como se hacía en Estados Unidos. Nosotros arrancamos como Lucha libre profesional en el Canal 13 con los mexicanos. Nos preparamos bien porque sabíamos que era algo profesional: el catch es como el teatro, vos tenés que hacer creer al público que lo que estás haciendo arriba es verdad. Es como en el teatro cuando a alguien le dan un garrotazo en la espalda, la escena es la misma, tiene que parecer de verdad y para eso hay que practicar. En el catch es lo mismo. En Canal 13 estuvimos todo ese año y Martín también, pero había arrancado un mes antes. Yo en un principio no fui con Martín para estar con los mexicanos. No sé bien porqué, como era joven en esos momentos no te das cuenta. Igualmente siempre fui un irresponsable total. Nunca me gustó quedarme establecido con las cosas, con nada. Nada es mío, no me quedo con nada. Por eso no me casé. No me gusta la responsabilidad porque me aprieta, me molesta. Me crié en la libertad: será bueno o malo, pero es mi filosofía.

¿Cómo conociste a Karadagián?

Lo conocía del Luna Park, porque iba a ver las luchas siempre. Había luchas dos veces a la semana. Me gustaban las locuras que hacían, la parte artística. La idea de hacer malos y buenos. Un tipo que tiene que hacer de malo no puede ser muy elegante. O es pelado, o tiene una barba tupida, o es gordo, como una característica que le choque a la gente. Por esa época no entraban los pibes al Luna Park, era para mayores de 17 años. Ahí lo conocí, y estuve junto a él 20 años. En esos años recorrí lo que nunca hubiese soñado en mi vida. Fue impresionante cómo prendió...

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)


Entrevista con Jorge Bocacci

"Karadagián fue un adelantado"

Hoy conduce su programa Bocacci a tango limpio en las mañanas de AM 740 Radio Cooperativa, pero años atrás fue el rostro y la voz de Titanes en el ring, como maestro de ceremonias en cada velada. Bocacci conoce como nadie los entretelones de un ciclo en el que conoció la fama de forma inesperada. En la radio conversó con Sudestada sobre su paso inolvidable por Titanes...

¿Cómo arrancó todo?

Yo trabajaba en Canal 9 en 1975, estaba haciendo un musical en el que hacía la presentación de temas. Un día, un productor me dice que vaya de smoking a la Federación de Box, que estaban buscando presentador para un nuevo ciclo que se llamaba Lucha Fuerte. Yo no sabía qué decirle porque no tenía idea sobre el catch. Al final, quedé como el maestro de ceremonias. Comenzamos con Lucha Fuerte en el 75, ya estaba el Ancho Peucelle, con muchos que se habían desvinculado de Titanes... y habían armado esta troupe. Pasó el tiempo y se levantó el ciclo. Yo me fui a Mar del Plata para hacer un programa de radio y en la playa me veo venir a dos mastodontes caminando: eran el Ancho y José Luis, el español. Ellos me avisan que Karadagián estaba buscando un nuevo presentador, le habían hablado de mí y yo suponía que Martín ya me conocía por lo de Lucha Fuerte. Cuando fui a Buenos Aires, en el gimnasio de Olivos, me tomó una prueba y quedé.

¿Antes de tu incorporación habías visto algo de catch?

No, jamás. Nunca me había atraído, nunca pensé que podía hacer de presentador ni nada por el estilo. En verdad, veía Titanes..., cuando en el año ’70 salía los sábados por Canal 9. Veía el programa y después me iba a la milonga en el Lomas Social Club, donde se armaban los bailes. Eso sí lo recuerdo, pero era un simple espectador. Yo entonces estudiaba Ingeniería...

(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada Nº54-Noviembre 2006)



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