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Polémica: ¿La izquierda en crisis?

1. La noche fría y sureña, profunda y estrellada, todavía no quiere marcharse. A las 6 de la mañana se comienza a formar una larga columna de obreros. Van descendiendo de los colectivos que los acercan hasta el portón de entrada, en su mayoría son hombres, pero algunas mujeres también se ven, son cientos. Detrás de los colectivos, a un costado de una ruta que atraviesa un paisaje árido, se levanta un cartel, no es gigante como sí lo es la fábrica que debe enfrentar la vista de los obreros, envueltos en sus gorras y bufandas, protegidos del clima patagónico. "Fasinpat, Fábrica sin Patrones", se lee bien claro en letras negras. Para no dejar dudas de que en ese lugar ya no hay jefes más abajo, sigue la declaración: "Zanon, Bajo Control Obrero". Desde el puesto de seguridad se abre automáticamente el gran portón blanco; los primeros pasos de los obreros, lentos y armoniosos, se adueñan del lema del cartel y, al buscar sus tarjetas, marcarlas y colocarlas en su casillero correspondiente, lo siguen reafirmando. En silencio, saludan a compañeros y encargados de seguridad. Al abandonar la entrada, el gigante los enfrenta, los desafía, como cada mañana, y ellos con su tarjeta marcada, con su bolso sobre sus espaldas lo respetan, pero parecen no temerle: si hay algo que no se ve en las miradas de esos trabajadores es el miedo.

Entre ese lento inicio de la jornada, se van acomodando. Los buscamos en sus puestos de trabajo, nos adentramos en el corazón de esos enormes galpones que ocupan varias manzanas de la localidad de Centenario, en la capital neuquina. El centro de una gestión obrera sin jefes ni autoridades se expande a través de enormes máquinas que se guían automáticamente, pero que necesitan el control permanente de sus operarios. Gastón, en el sector porcellanato, enseguida ofrece unos mates mientras su mirada no pierde la línea por donde pasan cientos de cerámicos. Su voz se hace fuerte, para tapar el constante ruido que nos rodea, y nos responde cuando le preguntamos sobre cómo es esto de trabajar sin patrones: "Una ventaja inestimable. Casi no negociable ni siquiera por plata". Y enseguida se acerca Pablo, un compañero del sector, y juntos se marchan a arreglar una máquina trabada. Y mientras recorremos, entre mates y mates ofrecidos en cada sector donde paramos para charlar, el polvo en el aire y en el suelo va dejando las huellas de los pasos de los obreros. Marcos tomando una cerámica recién salida de la prensa, la mide y explica el espesor que debe tener y la arroja a una carretilla. De fondo, la prensa sigue golpeando con toda su fuerza la mezcla recién salida de los atomizadores, formando "los bizcochos" que pasarán por los hornos que hornean las cerámicas, que pasan frente a los ojos de los trabajadores, montadas sobre grandes líneas tomando curvas y rectas, subiendo y bajando, pasando por el esmaltado, antes de terminar en el horno, para pasar nuevamente ante la atenta mirada del equipo de selección que, fibra en mano, se encargarán de hacer la selección final.

2. Una historia, una toma

El mate hace de compañero a los obreros, entre risas y cigarrillos, sentados en sus puestos de trabajo, no dejan de ofrecer sus historias personales en el conflicto. Sus ojos brillan al recordar cada viejo dato que parecía quedar en el olvido. Al momento de quedar en la calle, pasaron angustiosos meses de espera y carpa en la puerta de la fábrica que permanecía cerrada. Los gerentes de la empresa se habían marchado por la ruta 7 (que pasa por la puerta de la fábrica), a partir de la huelga iniciada en agosto de 2001 debido los salarios que se les adeudaban a los trabajadores. El stock de cerámicas para vender que había otorgado una jueza neuquina a favor de los trabajadores se estaba agotando. Paco, actual coordinador general de producción de la planta, sorprende cuando relata que fue el mismo gobierno el que los habilitó. "Claro, ustedes dirán: pero si el gobierno nunca los recibió" y enseguida arremete encadenando una serie de hechos que parecen darle la razón. "Cuando la jueza determinó que el 40% del stock que habían quedado en la planta de la patronal se vendieran para cobrar los sueldos atrasados, con esa resolución nos dijo: ‘Sí, muchachos. Esos 40 mil metros ya se los vamos a colocar en el Easy o en otro lugar de las empresas que hacen trabajo para el Estado'. Si hubiera ocurrido eso, acá no quedaba ni el loro. Te soy sincero, porque todos esperamos a cobrar el dinero de los 40 mil metros y nos íbamos. Todos juntos. El gobierno nos mintió una, dos, cuatro y seis semanas, hasta que vimos que nos verseaba y empezamos a venderlo nosotros porque estábamos muertos. No había un mango para llevar si quiera un litro de leche para la criatura de la casa. La desesperación hizo que empezáramos a venderla a la gente que pasaba por la ruta. Dijimos ‘pongamos un cartel ahí afuera', y así empezamos. Cuando nos dimos cuenta de que podíamos, dijimos : ‘Nosotros podemos producir, nosotros hacíamos el trabajo siempre, Zanon no hacía nada, no lo hacían los jefes ni nada, lo hacíamos nosotros, todo nosotros'. ¿Te das cuenta? Si ellos hubieran vendido el material... se terminaba. Por eso digo que ellos nos habilitaron", evalúa Paco, y se le escapa una sonrisa buscando un cómplice de su reflexión.

Las voces de los trabajadores van cambiando a medida que relatan las historias, ponen el énfasis en los momentos más duros y se relajan cuando se dan cuenta de lo que es hoy Zanon bajo control obrero. La pasión queda a flor de piel, se emocionan con esos viejos recuerdos. Y no dejan de remarcar lo difícil que era trabajar bajo la administración de la familia Zanon, donde los ritmos de producción eran acelerados y los accidentes mortales eran comunes una vez por año.

Una vez que se largan a recordar aquellas épocas, no les es difícil dibujarnos con sus palabras, anécdotas que guardan en su memoria, todo entre cerámicas que no dejan de surcar las líneas, testigos de gran parte de su vida y de su lucha. Reproducen con exactitud los días que se pasaron en la ruta, con la carpa en la calle, cambiando un panfleto por un alimento, teniéndose que volver a sus pueblos del interior de la provincia porque el dinero ya no daba para soportar un alquiler. De cómo fueron a buscar a los compañeros que habían bajado los brazos cuando se ocupó la fábrica. De los aprietes que les hacían a las cuadrillas del Ente Provincial de Energía de Neuquén (EPEN) cada vez que amenazaban cortarles la energía eléctrica. De las amenazas, golpizas y robos sufridos en la primera época. De los que resistieron ante los intentos de desalojo. De "los picantes" colgados de los techos, armados con ondas y pequeñas bolas de cerámica. Aseguran, sin vergüenza, que si la policía llegaba a entrar para desalojarlos en ese abril de 2002, iban haber varias bajas de ambos lados. Que tenían el más absoluto conocimiento de cada túnel subterráneo de la planta, y eso les daba una ventaja sobre la fuerza policial. Que dentro de la policía provincial existían varios familiares de obreros de Zanon, y que a pesar de ello, se defenderían a muerte. O recuerdan, con risas, a los compañeros del sector ventas, que en la fecha prevista del desalojo, parapetados entre las máquinas, con abrazos, lágrimas y brindis, se despedían jurando que de la fábrica no los sacarían más.
Una pasión por la defensa de su trabajo que resurge de cada palabra de los obreros al recordar un pasado no muy lejano, pero que los acompaña cada vez que atraviesan el portón de entrada a ese gigante que solía llamarse solo Zanón, y al cual hoy se le sumó el lema "Bajo control obrero".

3. Asambleas, café y cooperativismo

Una soleada mañana, la fábrica se despierta quieta, inmóvil y silenciosa. En el fondo del predio, dentro de uno de los grandes galpones, todos los trabajadores de los tres turnos se encuentran reunidos dispuestos a discutir, verse las caras y escucharse. Se van acomodando cada uno en las sillas que forman un semicírculo, mientras el River-Boca jugado el día anterior no deja de generar polémicas entre los concurrentes. La aprobación de los balances económicos de la Cooperativa Fasinpat, la renovación de las autoridades, política nacional, y temas relativos a la producción forman parte del temario de discusión. Siempre la situación politica es la primera cuestión que se discute para luego plantear la producción sobre la base de la coyuntura política discutida previamente.

Entre cafés, sandwiches de milanesa y mates, se desarrolla la asamblea; las voces chocan entre sí: si hay algo que falta en ese galpón gigante surcado de punta a punta por extensos hornos de cocción, es el silencio. Los que salieron del corazón de fábrica (quienes se encargan durante toda la noche de mantener prendidos los hornos) también están presentes, pese a no haber dormido; ellos están allí para discutir. Se discuten y se aprueban los balances económicos de la cooperativa, que expone su contador.

Mientras van levantando sus manos para votar a sus compañeros para los cargos, toman el micrófono, proponen, se discute, acerca de la política actual, el conflicto docente, de la renovación de autoridades. Hay que escucharlos hablar, frente a sus compañeros, defendiendo sus posturas, votando las nuevas autoridades. Con esmero se hacen entender, con esmero sus compañeros intentan comprenderlos. Las asambleas son para los obreros uno de los ejes principales de está gestión. Allí es donde, según sostienen, radica la fuerza de esta gestión obrera: la discusión diaria, el debate con todos los trabajadores en asamblea, con los coordinadores en la reuniones de producción o planificación, en cualquier ámbito dentro de la fábrica.

La cooperativa nació solo como una forma de darle un marco legal a la situación particular, estando la empresa Zanon en quiebra. Se concedió a la cooperativa constituida por los obreros la explotación del predio. Pero en la charla cotidiana, los trabajadores reniegan de las formas cooperativistas. Sus voces son claras y concretas cuando afirman que los estamentos jerárquicos que establecen los estatutos de las cooperativas no son para ellos, que dentro de Zanon son todos iguales, que las cooperativas solo generan competencia entre los mismos trabajadores y que lo más importante que tiene su gestión obrera es la asamblea. Alejandro, que actualmente ocupa el cargo de secretario del Sindicato de Obreros y Empleados Ceramistas del Neuquén (SOECN) nos comenta en medio del concurrido sector de prensa y difusión de la fábrica lo importante que es demostrarle a sus compañeros e instaurar el debate acerca de que la cooperativa no es la solución de fondo a su situación. Actualmente, se encuentran con la dificultad de despegarse de la imagen de cooperativa. "Zanon no funciona como cooperativa, sino que funciona bajo control obrero, lo que dirige es el método de la asamblea, la reunión de los coordinadores, la reunión de planificación", nos sigue contando Alejandro, quien se desempeñó durante años en el sector esmalte, uno de los sectores que ocupa más obreros. "Ante el juez y las instituciones hay que presentar todos los papeles como cooperativa, pero después para adentro nosotros trabajamos como control obrero"...

La nota completa en la edición gráfica de Sudestada nº60 - Julio de 2007

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El colectivo de Revista Sudestada esta integrado por Ignacio Portela, Hugo Montero, Walter Marini, Leandro Albani, Martín Latorraca, Pablo Fernández y Repo Bandini.