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Editorial

La revolución de las pibas

Contra todo. Contra las voces tantas veces escuchadas: "No van a poder", "No están dadas las condiciones", "El país no está maduro para ese debate", "Es un tema que divide", "El lobby de la Iglesia lo va a impedir", "Ahora, con un Papa argentino… olvidate", "Es una cortina de humo para tapar lo realmente importante", "Es un proyecto oculto del FMI". Contra todo eso, y más todavía, las pibas se rebelaron...

Contra todo. Contra las voces tantas veces escuchadas: "No van a poder", "No están dadas las condiciones", "El país no está maduro para ese debate", "Es un tema que divide", "El lobby de la Iglesia lo va a impedir", "Ahora, con un Papa argentino… olvidate", "Es una cortina de humo para tapar lo realmente importante", "Es un proyecto oculto del FMI". Contra todo eso, y más todavía, las pibas se rebelaron. Salieron a la calle y fueron multitud, muchedumbre, grito en el cielo, puño en alto, factor de presión real. Fueron, también, Historia. El movimiento de mujeres sigue avanzando contra las lógicas estructurales del patriarcado. No sólo es el sector más dinámico del tejido social: es el que más transformaciones de fondo ha cosechado en este presente, después de un largo proceso de siembra silencioso. En poco menos de cuatro años, pasó de una masiva postura defensiva, de defender un grito de resistencia sustentado en dos consignas de mínima, a las que nadie podría oponerse desde cualquier lógica humana –"Ni una menos" y "Vivas nos queremos"–; a una ofensiva ejemplar que terminó por arrancarle un derecho al sistema político, peleando por ganarle cada opinión a la influencia reaccionaria de la Iglesia y sus aliados, del único modo posible: con una campaña desde abajo, desde la raíz, desde la conciencia y la militancia, en cada discusión, en cada ámbito, en cada espacio compartido. Y las protagonistas fueron ellas: las que lograron imponer el debate a nivel nacional, incluso hasta en televisión. Las que pelearon en la calle por visibilizar la realidad y por refutar argumentos, las que se movieron de modo unitario detrás de una conquista histórica, que ya se anota entre las más relevantes de los últimos siglos: la media sanción de la ley por el aborto legal, seguro y gratuito en Argentina.
Resta todavía la otra mitad, está claro. Imposible negar que será complejo repetir la fuerza invertida en las calles, ahora que es el turno del Senado, pero queda claro que más allá de la aprobación de la Ley, la dimensión de la lucha hasta hoy confirma el único modo posible de avanzar en el terreno social y político. Las respuestas emergen desde la fuerza del colectivo, no desde salvadores individuales. La iniciativa se gana con una multitud politizada en las calles, no con el peso de parlamentarios de turno, que se acomodan siempre según los vientos que soplan en el tiempo. La conquista es, justamente, resultado del esfuerzo cotidiano de todas esas mujeres que le pusieron el cuerpo a una disputa que atraviesa y disputa el lenguaje, los vínculos afectivos, las prácticas políticas y sociales, los lugares comunes de lo establecido y los estigmas de un patriarcado que, hasta hace algunos años, parecía inconmovible. Hoy hace agua por todos lados, se agrieta, se va cayendo de a poco. Con cada discusión, cada movilización, cada discurso, cada actitud, cada respuesta, se avanza un paso más. Una pelea que cuenta además con una matriz solidaria: se lucha por todas, por las que no pueden, por las que ya no están, por las que recién están creciendo en este sistema perverso, por las que vendrán.
El resultado de esta lucha ejemplar será un signo de nuestro tiempo, un relieve en el mapa de las nuevas conquistas que llegarán, necesariamente, para darle continuidad a una revolución que no para de crecer. Contra todo... y por todas.

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El colectivo de Revista Sudestada esta integrado por Ignacio Portela, Hugo Montero, Walter Marini, Leandro Albani, Martín Latorraca, Pablo Fernández y Repo Bandini.