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Tierra Adentro

La amenaza mapuche

Detrás de una campaña típica de demonización por parte del gobierno de turno, se oculta una trama compleja. ¿Qué se oculta debajo de la ignorancia de los gestores en su ofensiva pública contra pueblos originarios? ¿Cuál es el papel de los grandes terratenientes de la región patagónica, de las corporaciones que hacen del extractivismo su negocio cotidiano, de los políticos que garantizan impunidad y silencio? La amenaza mapuche, o una inconfundible cortina de humo a la medida de los intereses de los poderosos y validada por la complicidad de los indiferentes.

"Queremos saber quiénes son. Que sepan que los vamos a detener, que sepan que no van a poder generar este caos, ni el temor en la sociedad, ni que nosotros nos vamos a quedar mirando lo que está pasando". Estas declaraciones de Pablo Nocetti, jefe de Gabinete del Ministerio de Seguridad de la Nación en entrevista con Radio Nacional Esquel el 2 de agosto, reconocen la planificación del operativo militar realizado en la comunidad mapuche de Cushamen; semanas después del encuentro formal entre el presidente Mauricio Macri y su par chilena Michelle Bachelet en Santiago.
Como fue ampliamente difundido a lo largo de los últimos días, el 1° de agosto, Gendarmería Nacional ingresó violentamente en el área territorial mapuche, ubicada en el centro de la provincia de Chubut. Allí la organización social, de raíz familiar y comunitaria que en términos mapuches se denomina "lof", resiste a la ocupación ilegal de sus tierras ancestrales.
Como tantas otras veces en que fue escasa la visibilización de la criminalización indígena por parte de los medios de comunicación nacionales, en esta oportunidad se desplegó un operativo represivo comandado directamente por el Ministerio de Seguridad de la Nación. Reafirmaron la coordinación de fuerzas a nivel nacional y provincial; agredieron, golpearon y dispararon contra los indígenas. Los gendarmes identificaron a los habitantes del lof y realizaron un control de sus recursos, para luego quemar gran parte de sus bienes. En la embestida no sólo se encontraban los miembros de la comunidad, sino también un amigo recién llegado de El Bolsón que estaba de visita. Él era Santiago Maldonado, de 28 años, quien desde ese día se encuentra desaparecido.
Al día siguiente de la acción represiva, Nocetti buscó justificar la acción militar. Afirmó que existía un sospechoso movimiento terrorista en la zona denominado RAM (Resistencia Ancestral Mapuche). Dijo en una entrevista para Radio Nacional Esquel que el Ministerio, con conocimiento del Presidente de la Nación, decidió armar un sistema de coordinación de las fuerzas de Río Negro y Chubut, con conocimiento de los carabineros de Chile para detener estas fuerzas extremistas.
En miras de dilatar el debate y las denuncias que tienen como objetivo saber datos acerca del paradero y las condiciones de detención de Maldonado –tema que remite a la memoria de la desaparición de un ciudadano en democracia– la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, en plena campaña electoral afirmó: "No vamos a permitir una república mapuche en medio de la Argentina".
¿Una república mapuche? Los dichos de la ministra no sólo soterran un debate sobre la legalidad de la represión a las comunidades tradicionales, sino que abren espacio a los malentendidos y a la desinformación. Da lugar a quienes sostienen el mito del indígena como freno del progreso y ancla del desarrollo productivo. Además, instalan en la sociedad el temor a la existencia de un virtual enemigo interno. Alguien que actúa de manera clandestina y amenaza la paz social por la vía armada y a través del terror.
La ministra se mostró en continuidad con los dichos de Nocetti, referidos a la posición de los indígenas en rechazo a la existencia del Estado argentino. Pero también agregó que "están planteando una lógica anarquista"; lo dijo el 8 de agosto, a través de Radio Mitre de Buenos Aires.
Desconocedora de los debates anarquistas de principios de siglo en la región y ausente de la discusión que problematiza el reconocimiento de los derechos indígenas en países multiétnicos como Argentina, la ministra planteó que los mapuches constituyen un pueblo violento que pretende instalar una república propia. Algunas precisiones, entonces, se vuelven necesarias.
Los indígenas mapuches que habitan el sur de la Argentina cuentan con reivindicaciones históricas sobre sus recursos y sus territorios ancestrales, sostenidas desde finales del siglo xix; momento en que los Estados argentino y chileno llevaron adelante campañas de conquista y colonización. Recordemos que la Campaña del Desierto en Argentina y la Campaña por la Pacificación de la Araucanía en Chile se orientaron a una supuesta integración política a la nación que redundó en el exterminio de las formas organizativas indígenas de la Patagonia y, con ellas, al genocidio de un gran número de sus pobladores. No fue casual que la represión en la que Maldonado fue desaparecido se diera junto al cauce de un río: las políticas estatales de invasión y reestructuración de las comunidades durante todo el siglo xx arrojaron a las comunidades indígenas del sur al confinamiento en tierras fiscales, o bien a tierras articuladas en colonias al margen de las aguas...


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Victoria Darling