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Chango Spasiuk: "A veces cuando toco, puedo sentir como cuando era niño"

Como un ritual pagano, cada vez que Chango Spasiuk edita un nuevo disco, el encuentro con Sudestada se hace inevitable. Otras músicas es el producto de una selección de distintas composiciones de Chango para películas y otros proyectos. Esta vez, con el piano como protagonista y una intimidad que se abre para descubrir esos otros mundos, el misionero da a conocer los detalles de la nueva obra, las variantes de su momento musical y lo incierto de la continuidad del ciclo Pequeños Universos que conduce por canal Encuentro.

Quienes se asomen al universo Spasiuk con Otras músicas, podrán encontrar algunas pistas de quién es el músico misionero que llevó al chamamé a lo más alto. Con más de 35 años de carrera profesional y diez discos editados, sigue mostrando distintas vertientes que componen su sonido. De Chango sabemos que tocó con los mejores músicos locales e internacionales, pero que cuidó siempre hacerlo desde un perfil creativo muy personal, alejado de guiños comerciales. La novedad de esta selección de melodías registradas para otros proyectos, es que casi nunca fueron tocadas en vivo y que, además de su acordeón único, tienen al piano como protagonista.


–¿La edición de Otras músicas te encuentra en un momento de cierre de una etapa musical?


–Más que cerrar algo es mostrarlo. Decir: "esto también es lo que hago". Me gusta cómo suena todo el contenido del disco, pese a que tiene otras texturas estéticas o instrumentales, pero creo que no es una diferencia abismal de mi universo sonoro. Lo que me motivó, además, es que el último año volví a escuchar muchos temas que salieron luego en el disco y pensé que era la oportunidad de compartirlo, de mostrar ese registro para que no se pierda. Porque también el hecho de mostrarlo me puso en contacto con grandes músicos como Matías Martino, que reescribió las partituras de todos los pianistas que habían grabado en esos diferentes proyectos. Me gusta mucho tocar en vivo el disco casi completo y después continuar con mi música de siempre. Me gusta cerrar la primera parte del concierto tocando a Spinetta para luego seguir con mi repertorio y que tenga algo de continuidad. Todo eso me disparó para editar Otras músicas. Quería mostrar mi relación con el cine, mostrar lo que me ocurre íntimamente con el piano. Pese a que no lo toco en el disco, fui yo quien compuso las partituras. Tocan los pianistas que más me gustan y para eso convoqué a Diego Schissi, Bob Telson, Popi Spatocco. Es un instrumento que me gusta mucho cómo suena. La idea del disco es decir: "este es mi pasado, pero también es mi presente", y eso quería mostrar.


–Incluiste "Seguir viviendo sin tu amor" de Luis Alberto Spinetta, tema que quedó afuera de un proyecto folclórico ligado a su obra...


–El tema lo hice para un disco que se llamó Raíz Spinetta, y mi versión no convenció a los recopiladores. Yo la guardé y, como me gusta mucho, me pareció que valía la pena incluirla. Cuando empezó a tomar forma el disco, que era un terreno donde por decantación llegaban los proyectos alternativos de estos años, apareció de inmediato. La retoqué, la mejoré y quedé muy conforme. Me gusta tocarla en vivo porque la gente la recibe muy bien. En cuanto a la obra de Spinetta, me parece muy valiosa, escuché casi todos sus discos; algunos me llegan más, como Pelusón of milk, que es uno de mis preferidos. También su primera etapa con Almendra y el power de la etapa de Los socios del desierto.


–¿Te pasa con muchos artistas ese deseo de versionar algunos de sus temas?


–No con todos. Hice algunas cosas, como "Little wing", de Jimmy Hendrix. Siempre hay cosas nuevas sonando y les presto atención. Hace poco redescubrí a los Beastie Boys, un banda muy buena y que casi no la había escuchado. Sin ofender a nadie, los Red Hot Chilli Peppers son una banda de jardín de infantes al lado de ellos. Más allá de que soy un enamorado de la música de cámara y lo acústico, me gustan mucho las bandas con esa fuerza. Bob Marley con su reggae, que es una música folclórica, también. Es como el flamenco en España. Para mí, escuchar a esa gente es como escuchar a Montiel o Cocomarola en el chamamé: ponen notas precisas con sus estilos que me hacen disfrutar del talento de gente en otras tradiciones. Eso no significa que vaya a tocar todo lo que me gusta, pero si aparece y creo que vale la pena, lo puedo hacer sin problemas. Que sea un músico de chamamé no significa que voy a ser tan cuadrado de no ver el talento de otras músicas.


–¿Pensaste en hacer un disco a dúo con otro músico?


–Giré mucho en Europa y Argentina con Raúl Barboza, hicimos muchos conciertos, y pensamos en hacer algún disco juntos pero quedó ahí, no prosperó. Pienso que hubiese estado buena la experiencia pero cada uno siguió con sus proyectos. Tocar a dos acordeones es lo que más me gustó. Hicimos algunas otras cosas juntos, pero hay una etapa en la que uno tiene bastante para contar, es como que quiero seguir escribiendo mi libro antes que hacer algo entre dos. Estoy armando mi mundo sonoro y a veces siento que tengo que seguir elaborando más. Siempre que me abrí con otros artistas fue en pequeñas ocasiones, porque el hecho de hacer algo en conjunto lleva mucho tiempo y tiene que haber una coincidencia muy grande, en un momento específico.


–Desde hace varios años vivís en la Ciudad de Buenos Aires ¿Pensás que el paisaje urbano cotidiano modificó en algo tus composiciones?


–No, creo que no. Por ahí otros piensan que sí, pero la mirada de los otros no es la mía. Pienso que cuando uno ha vivido intensamente algo nadie se lo puede quitar. ¿Quién sabe cómo es mi mundo interior? Nadie puede juzgar mi relación con la infancia, mi adolescencia o dónde están enterrados mis padres. ¿Quién sabe cuál es mi relación anímica y emocional con todo eso? Yo me siento totalmente conectado con eso porque una parte de mi ser pertenece a todo eso. Me guste o no me guste, lo quiera o no, es así. La vida me puso acá y la ciudad me ha relacionado con otros músicos con los que aprendí herramientas que me ayudaron a resignificar ese lugar de donde vengo. Herramientas que lograron ponerme en foco, mirar con nuevos ojos para encontrarme con mi raíz y ver su riqueza en su dimensión más amplia...


(La nota completa en la edición gráfica de Revista Sudestada nº 145)

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Autor

Ignacio Portela