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Nuestra América

Colombia. La paz del modelo extractivista

A pesar de los resultados del último referéndum, el acuerdo de cese del fuego entre las FARC y el gobierno de Juan Manuel Santos generó esperanzas entre la opinión pública sobre un posible fin de la guerra. Sin embargo, la historia colombiana, la derecha paramilitar y la letra chica de las negociaciones en Cuba parecen también decir no a la paz.

25 de marzo. Una coqueta finca en medio de la selva. El tipo se ve realmente incómodo. Tiene una camisa blanca impecable y un lustroso peinado que disimula sus canas. No así sus bigotes y barba, prolijamente recortados para la ocasión, pero evidentemente blancos. La periodista María Elena Salinas de Univisón (uno de los medios más poderosos de habla hispana), pregunta: "¿Por qué le conviene al gobierno de Estados Unidos apoyar a la guerrilla colombiana?". El tipo responde: "Es por los intereses que ellos tienen desde el punto de vista geoestratégico y económico. Porque es un conflicto que también los ha desgastado. Fueron más de 10 mil millones de dólares que salen del presupuesto de Estados Unidos. Además, estamos en un momento de crisis financiera mundial. Fueron casi doce años y no hubo resultados, no nos derrotaron. Porque las condiciones que alimentan el conflicto están vivas. Ahora, hay también todos esos megaproyectos en las zonas fuertes del conflicto, hay muchos intereses económicos que si desaparece el conflicto, pues hombre, van a tener posibilidad de desarrollarse".


El titán frente a las cuerdas


El tipo es Rodrigo Londoño Echeverri o Timochenko, quizás el último de una raza maldita, animales de selva, que pudieron pero no supieron de fincas coquetas, lujosos vestidos, pantallas gigantes y jugosos sueldos de mercenarios de la palabra. Más bien improvisados ranchos, largas caminatas, intenso entrenamiento y debates, y mucha tierra, demasiada tierra colombiana, la mejor, la más apetecida. La tierra que tentó al diablo y su representación perfecta: el capital transnacional, genocida, extractivista, sanguinario, terrorista, narcotraficante, paramilitar. Las barbas de este tipo pintan las canas de una de las insurgencias vivas más antiguas de América Latina, la de las venas abiertas. Cuando Timochenko se incorporó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en 1982, el grupo guerillero ya era mayor de edad, 18 años. Él apenas tenía 23, había estudiado cardiología en Cuba y Moscú y recibido entrenamiento militar en Yugoslavia. Su Comandante en Jefe (puesto que luego ocuparía a partir de 2011, tras la muerte de Alfonso Cano) era Manuel Marulanda Vélez, el mítico Tirofijo, nacido como Pedro Antonio Marín Marín, hijo de campesinos, expendedor de carne, panadero, vendedor de dulces, constructor, tendero y comerciante, víctima como muchos de La Violencia, esa época de guerra civil que fue aprovechada por los terratenientes coloniales para ampliar la frontera de sus negocios. Los mismos pillos de siempre. La misma historia, el huevo o la gallina, o sobre quién tiró la primera piedra. Además de tomar las armas, Marín se refugió en la montaña con otros compañeros, creando la República Independiente de Marquetalia, comunidades autogestivas que iban surgiendo como respuesta al desplazamiento masivo de los campesinos. Norte de Cauca, vereda del corregimiento de Gaitania, municipio de Planadas, Tolima, situada en la falda occidental del nevado del Huila, la misma región donde a principios de siglo el indio Quintín Lame se había sublevado contra sus patrones conquistadores. La República de Marquetalia fue bombardeada por el gobierno colombiano con el apoyo de los Estados Unidos dentro de la "Operación Soberanía", en 1964. Fue el principio de las FARC, un semillero de "cuadros", dirigentes históricos como el alocado antropólogo Jacobo Arenas, que sentó las bases de la educación, la economía y el papel de las mujeres en la guerrilla que lideró, tras el acuerdo de paz con el gobierno de Belisario Betancur en los ochenta, la opción política de la Unión Patriótica. Una organización masacrada a través de grupos paramilitares con complicidad del Estado, según reconoció el propio Juan Manuel Santos una semana antes del acuerdo de "paz" con las FARC. Alrededor de 4 mil militantes asesinados, incluyendo dos candidatos a Presidente, 8 congresistas, 13 diputados, 70 concejales y 11 alcaldes. Arenas murió de un infarto en 1990. En la selva.


Raúl Reyes, yerno de Marulanda, sindicalista de Nestlé y miembro del Partido Comunista se unió a la guerrilla en los ochenta, tras haber sido amenazado de muerte por su militancia. Igual que los actuales compañeros de Sinaltrainal, el sindicato de la alimentación que ha denunciado internacionalmente a Nestlé, Coca-Cola y otras multinacionales por complicidad en crímenes de lesa humanidad junto al Estado colombiano y el de Estados Unidos. Incluyendo más de 20 compañeros asesinados por liderar reclamos sindicales, como pedir una hora de almuerzo en turnos de 8 horas. Reyes fue portavoz de las FARC en el fallido proceso de paz con el gobierno de Andrés Pastrana en los noventa. Fue asesinado el 1º de marzo de 2008 en Santa Rosa de Sucumbíos, Ecuador, dentro de la "Operación Fenix", un trabajo conjunto de las fuerzas militares de Colombia, Ecuador y Estados Unidos junto a grupos paramilitares...


(La nota completa en la edición gráfica de Revista Sudestada)

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Autor

Tomás Astelarra