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El pucho en la oreja

Excluidos

Hago una lista: negro, indio, inmigrante, anarquista, comunista, judío, cabecita negra, hippie, subversivo, gay, travesti. Más de cien años de historia argentina, desde 1860 hasta 1990. Una historia de la exclusión, una historia de personas empujadas afuera, o condenadas a morir, o perseguidas siempre...

Hago una lista: negro, indio, inmigrante, anarquista, comunista, judío, cabecita negra, hippie, subversivo, gay, travesti. Más de cien años de historia argentina, desde 1860 hasta 1990. Una historia de la exclusión, una historia de personas empujadas afuera, o condenadas a morir, o perseguidas siempre. El mismo blanco donde disparar, hecho de rostros y vidas diferentes. Son excluidos singularizados por la época. Hay otros, igual de excluidos, pero no por época sino por destino político: el pobre, la mujer, el sirviente. Son excluidos en sí. Las raíces son muy profundas, el árbol es alto, la lucha es prolongada y enorme.


Excluidos de la época quiere decir que hay un punto donde se edifica un enemigo específico, una tipificación determinada. Un punto que no es una idea sino el reconocimiento de una singularidad. Uno, sí, pero multiplicado en todas las singularidades iguales o del mismo tronco. Parece un trabalenguas, pero no lo es. Esas singularidades son todo el mal en un momento de la historia, todo el problema: uno es todos. Un judío, en los años treinta, son todos los judíos. Y, por ello, la razón del mal. Uno es todos no es por agremiación humanitaria (todos somos Aerolíneas). Sino porque en ese judío radica la judeidad, aquello que se persigue en los treinta. Cada uno es uno y todos a la vez.


Siempre hay un excluido específico. Las épocas son distintas, diferentes las condiciones, disímiles las expectativas. Y siempre hay uno que es excluido. Las razones son idénticas, aunque los tiempos históricos sean otros: la exclusión, o es una cuestión moral, o es una cuestión vinculada al espíritu patriótico. Los mismos ejes pensados por la escuela de la ley 1420 de 1884. Es en los comienzos del estado nación, Roca, Ramos Mejía, Ingenieros; médicos que también son diputados, criminólogos, directores de educación, redactores de leyes. Moral y patriotismo, eso se enseña en las aulas. Y eso mismo es la justificación para excluir. La escuela define la necesidad de saber qué debo hacer y qué no; y también qué es aquello que hay que amar. O sea, regulación de la conducta y amor a la patria.


El comunista, el subversivo, el anarquista, son una amenaza para la construcción de la nación. Por ello, perseguidos y excluidos. El indio, de la campaña de Roca, es un ocupa, inhumano, un invasor: también un problema patriótico, más de economía nacional que de raza. Es como el negro pero de otro modo: aquel estaba sometido porque era un trasplantado y el sistema de exclusión consistió en ofrecerlo como carne de cañón; el indio era dueño del suelo, tenía la insolencia del que se sabe fuerte y por ello fue objeto de venganza y de exterminio.


En el cabecita, el hippie o el gay, el problema es moral, de conducta desviada y peligro. También el judío, acusado –por sobre todas las cosas– de miserable, de tacaño, de usurero; el hippie, de libertino; el gay o el travesti, de perverso; el inmigrante, de bruto, inepto e invasor. Tan sutil, tan penetrante, que resulta imposible detener el oleaje que genera. La moral, como sistema de acusación, es más ligero y, por ello, más fácil de esparcir. La exclusión moral es silenciosa, epidémica: puede escribirse en un libro, o en un artículo de diario, pero la expansión es de otro modo, boca a boca, en el rumor, en el chisme, en el descrédito repetido. Son varios los libros escritos a fines del siglo xix en contra de la inmigración italiana; y fue unos años después de esos libros, que los hijos de esos inmigrantes italianos fueron hasta el puerto a apedrear a otros italianos que recién bajaban de los barcos. Porque no querían más italianos, porque sobraban italianos, porque los italianos eran ignorantes: tenemos demasiados ignorantes adentro como para seguir trayendo a los que vienen de afuera. Así decían y así escribían. Italianos contra italianos, contra sí mismos aunque crean ser otros. La exclusión por razones morales no tiene límites, esa es su fortaleza...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)

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Autor

Gustavo Varela