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Curuguaty. Tierra y libertad

En 2012, una toma de tierras en la zona de Curuguaty (Paraguay) terminó con represión policial y la muerte de una docena de campesinos y de seis uniformados. Rápida como siempre, cuando se trata de proteger los intereses de los poderosos, la justicia condenó a los propios campesinos en un proceso pleno de irregularidades. Los compañeros de Pachakuti Fotografía Rebelde visitaron la región, registraron con sus cámaras la pelea cotidiana de los campesinos y anotaron una crónica sobre el presente de un caso que amenaza con extenderse as todo el continente: la impunidad de los terratenientes, la complicidad del Estado y la miseria de las Fuerzas de Seguridad, listas para arremeter contra cualquier expresión de rebeldía.

Masticando la bronca de una noticia esperada, revuelvo algunas cajas en busca de un viejo diario de viaje. Al rato aparece, algo mohoso, pero legible aún. Noviembre de 2012, cinco meses después de la Masacre de Curuguaty.

Comienza en la provincia del Chaco. También ahí dolía el mundo, y sigue doliendo, por más que uno se retuerza repensando, sintiendo y queriendo entender por qué el pueblo Qom ya no es noticia. Así surge la lucha contra la indiferencia. Y luchando es que se hacen visibles los olvidados de la historia, los del color de la tierra, los de abajo, esos que con dignidad y rabia buscan sanar dolor y muerte.

Largos camiones con acoplado transportan desde el impenetrable los quebrachos que serán muebles en las capitales lujosas. Pasan pedaleando algunos changuitos. Las bicicletas son enormes para esas piernitas cortas y flacas. Caluroso, vuelve a soplar un viento que nos empolva las patas. Vivir a orillas de la ruta, sin tierra, resistiendo al olvido.

Vuelve la tos y sacude sus pulmones. Escupe el Benancio y la Paulina lo mira, baja la mirada, cierra los ojos... Los vuelve a abrir lentamente, agarra la pava de entre las brasas y le ceba un mate al viejo. Tuberculosis y Chagas, enfermedades de los pobres. Se recupera el horizonte y el mate dulce con agua hervida aquieta el hambre que duele. En ese compartir uno mucho aprende. El silencio no incomoda, comunica. Y es de a poco, en ese andar colectivo y comunitario, con la tierra latiendo bajo los pies descalzos, como se va reescribiendo la historia.

Amanece Paraguay. Asunción y su aparente calma encubren también cicatrices de antaño.

Con su cajita amarilla colgada de los hombros, con la publicidad del ABC Color en el frente, unos niños de no más de diez años buscan zapatos corbatudos que lustrar. Familias campesinas despojadas de sus tierras y arrastradas a la miseria urbana. No supe cómo hablar a las palabras tristes que me contaban sus ojos. Compartimos unos panes y peloteamos un rato con una piedra hasta que la perdimos de vista y comenzamos a andar.

Paraguay es uno de los países con mayor desigualdad en la tenencia de tierras en el mundo. En la actualidad figura como el tercer país más afectado por el hambre en América Latina y el Caribe. La realidad que le toca enfrentar al pueblo paraguayo nos conduce a una afirmación: la historia de ese país está signada por la fatalidad y la pobreza: la corrupción, la exclusión y la discriminación continúan minando la estructura institucional de la República. Si bien es cierto que se fue el dictador Alfredo Stroessner, quedó intacto el aparato que se construyó en sus treinta y cuatro años de gobierno autoritario. Los propietarios de las tierras malhabidas tienen nombre y apellido, son personas que formaron o siguen formando el entorno del poder político, militar y económico en el Paraguay.

Blas Riquelme, terrateniente asesino de campesinos, es sólo un ejemplo de ese accionar mafioso. La realidad la denuncian las estadísticas: 1.191.000 de seres humanos viven en condiciones de pobreza extrema. Ya esto bastaría para comprender por qué los labriegos de la tierra dicen basta y se organizan para terminar con la injusticia, el privilegio y las dictaduras "legales" de los dueños de todo.


Una realidad que duele


Conseguimos algo de hielo y unos cigarros antes de que se escondiera el sol. Armamos un tereré y, ya en penumbra, comenzamos la conversa. "No hay porvenir para nuestra familia. Somos campesinos trabajadores, somos luchadores, no queremos vivir bajo un puente... Hay una gran discriminación sobre nosotros", contaba el viejo Antonio, abuelo de los carperos sin tierra de Curuguaty. Aún a los 76 años busca en su cuerpo palabras que transmitan esperanza a sus nietos, cuando estos se le acercan pidiendo para comer. "La realidad duele mucho. Nosotros no lo pensamos, no hablamos por saber hablar las palabras lindas... lo sentimos todos los días. Acá en Paraguay, si sos pobre, te dejan morir. Por eso luchamos, para hablar contra el olvido, contra la muerte, por la memoria y por la vida, por la justicia". Buscando la luna entre las lágrimas de sus ojos, me ofrece un tabaco. "Trabajamos para ellos hasta no dar más, y luego, cuando enfermamos, nos patean como perros. Por eso nos organizamos, por eso luchamos, para que nuestros hijos y sus hijos no vivan así"...


(La nota completa en la edición gráfica de Sudestada)

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Pachakuti Fotografía Rebelde

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Sudestada

El colectivo de Revista Sudestada esta integrado por Ignacio Portela, Hugo Montero, Walter Marini, Leandro Albani, Martín Latorraca, Pablo Fernández y Repo Bandini.