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El EZLN vuelve a escena

Zapatismo recargado

Una masiva marcha fue el primer paso para anunciar un cambio de rumbo. El zapatismo resurge desde Chiapas con un polémico proyecto político que invita al análisis crítico. Desde México, opinan Guillermo Almeyra y dos integrantes del grupo #Yosoy132.

1. Esta vez no fue la bruma, ni el frío húmedo, como en aquella madrugada. Esta vez, los recibió una fina llovizna. Cuarenta mil hombres y mujeres, pertenecientes a 28 destacamentos zapatistas, marcharon en silencio bajo una leve garúa hasta ocupar cinco plazas municipales en Chiapas -en Ocosingo, San Cristóbal de las Casas, Palenque, Altamirano y Las Margaritas-; las mismas que habían tomado militarmente aquella inolvidable mañana del 1º de enero de 1994.

"Hay pocas cosas/ tan ensordecedoras/ como el silencio", anotó Mario Benedetti. Tenía razón. Nadie en México pudo ignorar el inquietante estruendo de esa multitud en silencio, marchando a pie, bajo la fina lluvia del 21 de diciembre de 2012, con el rostro cubierto y con el puño izquierdo en alto. Quince años pasaron de la todavía impune masacre de Acteal, donde 45 indígenas fueron fusilados por un grupo de paramilitares a sueldo del entonces -y ahora- gobernante PRI; y dos décadas de aquel asalto de madrugada que cambió para siempre la historia mexicana, que los situó a la fuerza en el mapa político y los transformó en un faro para miles de rebeldes en todo el mundo, en un ejemplo de dignidad y persistencia para tantos irreverentes, en una extraordinaria experiencia de construcción a nivel regional, en una referencia incuestionable para quienes ya no creían en las mentiras de los funcionarios o no toleraban la limosna del Estado.

Contundente demostración de fuerza, retorno al escenario nacional, impacto mediático de alto alcance, mensaje al flamante gobierno del PRI (y a los derrotados del PRD y del candidato progresista Andrés Manuel López Obrador); la masiva manifestación del EZLN abrió la puerta a varias conclusiones: no sólo confirmó su capacidad logística y su vigencia política, no sólo rompió con rumores de división, crisis y desgaste, sino que también expuso un interesante fenómeno: la renovación generacional en sus bases. La mayor parte de los zapatistas que marcharon eran jóvenes que crecieron y se formaron en un marco de lucha y resistencia. Pero la marcha silenciosa no sólo se limitó a aportar imágenes desde lo simbólico; también fue el primer paso en lo que el subcomandante Marcos definió como "un cambio de etapa".

"¿Escucharon? Es el sonido de su mundo derrumbándose. Es el del nuestro resurgiendo", escribió Marcos, otro que regresaba después de años de perfil bajo, después de mucho tiempo de silencio, para proponer otro rumbo. El comienzo, otro nuevo comienzo para el zapatismo.

Desde ese 21 de diciembre hasta febrero de este año, el EZLN dio a conocer 16 comunicados en los que diagnosticó el retorno del PRI al gobierno federal, criticó al candidato opositor, analizó el presente de las comunidades indígenas, polemizó con sus críticos y, principalmente, dio cuenta de las novedades. "Pretendieron desaparecernos con la mentira y el silencio cómplice... Seis años después, dos cosas quedan claras: ellos no nos necesitan para fracasar. Nosotros no los necesitamos para sobrevivir", sentenció el Sup. El repliegue había durado demasiado: desde 2008 fueron cuatro años de silencio, con la excepción de la participación de la marcha impulsada por el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezado por el poeta Javier Sicilia en 2011, y las siempre presentes denuncias de las Juntas de Buen Gobierno acerca de agresiones de paramilitares en la región. El aislamiento provocó una notoria distancia con los aliados y simpatizantes, y esa brecha agudizó la soledad de los zapatistas, pero también potenció y consolidó la construcción en las comunidades controladas por el EZLN: "Nosotros, que nunca nos fuimos aunque así se hayan empeñado en hacerles creer los medios de todo el espectro, resurgimos como indígenas zapatistas que somos y seremos. En estos años nos hemos fortalecido y hemos mejorado significativamente nuestras condiciones de vida", destacó el Sup, en el mismo documento en el que anunció los tres ejes de la nueva etapa: Ratificar la pertenencia al Congreso Nacional Indígena (CNI), retomar el contacto con los adherentes a la Sexta Declaración de Lacandona y, por último, la intención de "construir los puentes necesarios hacia los movimientos sociales que han surgido y surgirán, no para dirigir o suplantar, sino para aprender de ellos, de su historia, de sus caminos y destinos".

La nota completa en la edición marzo 2013 - Sudestada nº 116

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Autor

Hugo Montero